Reseña: Traición, de Scott Westerfeld (Uglies, #1)

Antes de nada, disculpas por haber desaparecido durante el último mes. No es que no haya tenido tiempo para leer nada: he terminado Uglies, de Scott Westerfeld (Traición, en español, por alguna razón que no acabo de comprender); Standard Deviation, de Katherine HeinyHunted, de Megan Spooner, y El juego de Ender, de Orson Scott Card – creo que no está nada mal para el pésimo ritmo que he llevado este año. El caso es que hoy os voy a hablar de Traición, de Scott Westerfeld. Ya sé que este libro es de hace siglos (2005, para ser exactos), pero lo terminé hace poco y quería compartir mis impresiones con vosotros.

Tally Youngblood está deseando cumplir dieciséis años. Al llegar a esta edad, todos los jóvenes de su ciudad pasan por una invasiva cirugía para convertirlos en pretties y son trasladados a Pretty Town, un lugar utópico donde su único trabajo será ir a fiestas al más puro estilo hermandad universitaria, pero sin estudiar. Sin embargo, su nueva amiga Shay no está tan segura de querer pasar por la operación. Cuando ésta escapa, Tally descubre un lado completamente nuevo de su sociedad; el gobierno le da dos opciones: encontrar a su amiga y llevarla ante las autoridades, o ser fea para siempre.

Uglies se sitúa en una sociedad futurista después de que una catástrofe destruyera el mundo que conocemos ahora. El gobierno de esta nueva sociedad hace uso de nuestros errores pasados para afianzar las reglas impuestas en esos momentos. Así, el hecho de que el físico jugara un papel tan importante en el pasado como para provocar peleas y enfermedades es utilizado para justificar una operación por la cual todas las personas mayores de dieciséis años se vuelven perfectas. La lógica detrás de esto es que existen unos estándares de belleza que determinan cómo reaccionamos a los demás, por ejemplo, que los ojos grandes son vistos como inofensivos o que una piel y dentadura perfectas dan una imagen saludable. Sin embargo, en un mundo en el que todos parecen super modelos, cualquier persona con un físico normal es considerada fea.

El universo está bastante bien construido. No me resulta especialmente rompedor (lo veo muy en línea con el resto de novelas juveniles que se publicaron en esos años), pero me han resultado interesantes las constantes referencias al presente que nos ayudan a comprender cómo se llegó a esa sociedad distópica. Estas referencias también resaltan problemas actuales que podrían definitivamente llevarnos a una situación similar a la de la novela de Westerfeld si no se solucionan pronto, como la contaminación, la tala de árboles o, sí, el culto a la belleza.

El principio del libro se me hizo un poco cuesta arriba. Es cierto que en una novela distópica como ésta es importante dejar las bases de la sociedad claras, pero los primeros capítulos se me hicieron demasiado explicativos. Tampoco ayudaba mucho el hecho de que Tally es (como casi todas las protagonistas de este tipo de novelas) la persona más irritante que te puedes echar a la cara. Superficial, temeraria, llorona, obsesionada con el físico (aunque tampoco podemos culparla de ello teniendo en cuenta el mundo en el que ha crecido) y un poco estúpida en general. Tuvo que pasar un buen tercio de la novela antes de que ésta lograra engancharme.

Algo que me ha llamado la atención son los cambios en el lenguaje al compás de la evolución de la protagonista, que (por supuesto) termina dándose cuenta de que la operación está mal y de que vivir en una comunidad de feos, en realidad, no es tan terrible. La narración denota, al principio de la novela, que la protagonista está tan centrada en la belleza de las personas que no se fija en el mundo que la rodea – seguro que a más de uno os llamó la atención la apertura del primer capítulo con la frase “El cielo de principios de verano tenía el color rosa del vómito de gato” – y no es hasta que sale de la ciudad y visita la comunidad de “feos” conocida como El Humo cuando comienza a apreciar la belleza natural del mundo.

La premisa me recuerda a Only Ever Yours, de Louise O’Neill, con esa crítica al culto al físico a través de una sociedad distópica que crea artificialmente personas de una belleza sobrehumana. Sin embargo, la novela de O’Neill hace un mejor trabajo al enseñar a las chicas (y chicos) jóvenes que la obsesión con la belleza es una enfermedad social. No sé si me convence que Westerfeld haya tenido que recurrir al clásico “lavado de cerebro” para demonizar algo que es terrible de por sí, como es obligar a toda una sociedad a pasar por una radical operación y convertirlos en barbieskens.

En definitiva, me ha gustado mucho, pero tampoco entiendo a qué viene tanto jaleo con esta serie. Tal vez sea que se trata de una de las primeras novelas juveniles distópicas, publicada justo antes del boom de la literatura Young Adult con sagas como Los Juegos del HambreDivergente. A lo mejor soy yo, que había leído demasiadas cosas buenas sobre este libro y lo cogía con las expectativas demasiado altas. En cualquier caso, es una lectura rápida y entretenida que os dejará con ganas de leer los siguientes libros (aunque no sé si yo me voy a animar).

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