Era ella

Estos días no estoy teniendo tiempo para hacer nada más que trabajar en mi trabajo de fin de máster (¡la entrega es la semana que viene!) y escribir las tareas para el curso de Narrativa del Suspense que empecé hace dos semanas en la Escuela de Escritores. Por tanto, no he terminado ningún libro y no puedo traeros reseña. Sí he avanzado bastante con Queen of Shadows de Sarah J. Maas, la cuarta entrega de Trono de Cristal. Puedo decir que el primer 50% me aburrió, me disgustó y me decepcionó enormemente. Sin embargo, ahora está mejorando a pasos agigantados… Espero terminarlo la semana que viene. El caso es que no toca reseña.

Y como tampoco tenía nada más que contaros porque no ha pasado nada interesante en mi vida estos días, he decidido compartir la última tarea que he escrito para la Escuela de Escritores. Esta semana teníamos que escribir un texto en el que dos personas se reencontraran después de mucho tiempo y, de pronto, una de ellas llevara a cabo un acto de violencia totalmente inesperado. Así que aquí está mi práctica…

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Medianoche

00:00 horas.

Un trueno. El viento silba a través de los postigos de las ventanas. Las ramas de los árboles más altos rascan el tejado y parece como si miles de roedores corrieran por las paredes.

Odio las noches. El terror se deposita en mi estómago y gana peso.

Me aplasta como una bala de cañón.

Tengo miedo siempre. Siempre, desde que Samuel se fue.

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Ashes

Versión en español aquí.

The sun crawled through the sky and hid behind the clouds in a dark sunset, even though it seemed to Enzo that the darkness couldn’t reach him anymore. He had been buried in that hole for too long, and he was no longer able to tell night and day apart, light and shadow.

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Papel quemado

English version here.

El sol se deslizaba por el cielo y se escondía tras las nubes en un oscuro atardecer, aunque a Enzo le pareció que la negrura ya no podía alcanzarlo. Había pasado encerrado en aquel agujero demasiado tiempo, y ya no se veía capaz de distinguir entre la noche y el día, la luz y la sombra.

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Quizá es que no me quieres

—Quizá es que no me quieres —repitió en un murmullo. Cambié el peso de un pie a otro y miré mi reloj, inquieto. Ya era de noche y se había levantado un viento frío que nos desordenaba a ella el pelo y a mí las ideas. Volutas de vaho escapaban, contorsionistas, de nuestros labios entreabiertos.

Me estaba helando. Sólo quería irme a casa, ponerme ropa seca y tumbarme a ver una película con una manta y café caliente. Pero Alicia quería seguir discutiendo una vez más sobre si de verdad estaba enamorado de ella. Llevábamos allí más de media hora y todo lo que yo intentaba decir parecía deshacerse sin haber salido de mi boca.

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